Bibliografía
 

1. L'Hopital des Enfants-Malades, the world’s first children’s hospital, founded in Paris 1802. Pediatrics. 1981; 67(5): 670.

2. Cruz-Coke R. Historia de la Medicina Chilena. Santiago, Chile: Andrés Bello;1995.

3. Historia y Perspectivas. Santiago, Chile: Child Health Foundation/Pediatría Universidad Católica de Chile; Agosto 2001.

4. Laval E. La epidemia de sarampión de 1899-1900 en Chile y la creación del primer hospital de niños de Santiago. Rev Chil Infect. 2002; 19(2):121-123.

 
     
     
  Evaluación  
  La Hospitalización Pediátrica  
     

 

 
 

El desarrollo de los hospitales pediátricos es muy reciente. El primero conocido en el mundo occidental se constituyó en Francia a fines del siglo XVIII. En julio de 1795, en plena Revolución Francesa, el edificio de la Maison Royale de l’Enfant-Jésus, antiguo refugio para las mujeres pobres de Paris, fue refaccionado y habilitado como asilo para huérfanos (Maison Nationale des Orphelins), funciones que cumplió hasta 1802. Ese año, un decreto del Consejo General de Hospitales determinó el traslado de los huérfanos a otra institución parisina y el antiguo edificio se transformó en el Hopital des Enfants-Malades, destinado exclusivamente a menores de 15 años. El establecimiento constaba de 300 camas y de 59 empleados, incluyendo dos clínicos y un cirujano. Desde entonces, en el resto de Europa comenzaron a aparecer importantes hospitales pediátricos, como el Great Ormond Street en Inglaterra (1852) y el Hospital del Niño Jesús de Madrid en España (1878).

En Chile, ya desde la segunda mitad del siglo XIX se comienza a plantear la necesidad de crear unidades de hospitalización pediátrica. En 1886, la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile propuso al gobierno que todos los hospitales dispusieran de áreas destinadas exclusivamente a la atención de niños, pero la iniciativa no prosperó. En esa época, la enseñanza de la pediatría la efectuaba el Dr. Roberto del Río en la Casa de Huérfanos, pues la única sala del Hospital San Juan de Dios habilitada para recibir niños no tenía las condiciones estructurales mínimas para efectuar la docencia. Esta sala era la única en todo Santiago destinada a la atención de pacientes entre 6 y 12 años.

En 1899 el país fue golpeado por una devastadora epidemia de sarampión. Impactado, el filántropo don Manuel Arriarán financió personalmente el establecimiento del primer hospital de niños en Chile, el que se instaló provisoriamente en la Casa de Ejercicios de San José (Moneda esquina Almirante Barroso). La capacidad del establecimiento fue rápidamente sobrepasada por la enorme demanda de camas. A fines de 1900, Arriarán propuso el traslado del hospital a la Protectora de la Infancia (calle Matucana, entre Huérfanos y Compañía) mientras se construía un nuevo edificio a orillas del río Mapocho. Manuel Arriarán fue designado administrador del hospital y el Dr. Roberto del Río su director técnico, quien asumiría todas las funciones después del fallecimiento de Arriarán en 1907. El doctor del Río se mantuvo en el cargo hasta su muerte en 1917, después de lo cual el hospital de niños pasó a llamarse Hospital Roberto del Río en su homenaje. En 1938 se construyó el edificio ubicado en Avenida Independencia.

El Hospital Clínico de la P. Universidad Católica de Chile se inauguró en 1940, e inicialmente no contaba con áreas de hospitalización pediátrica. En 1954 se creó la Cátedra de Pediatría de nuestra universidad a cargo del Profesor Dr. Julio Meneghello, realizándose la docencia en forma adscrita a los cursos de la Universidad de Chile en el Hospital Roberto del Río. Con el fin de establecer un centro académico independiente, en 1970 la Escuela de Medicina creó el Departamento de Pediatría, el cual realizó su actividad clínica en las salas pediátricas del Hospital Dr. Sótero del Río. Dado el progresivo desarrollo de la Pediatría, en 1977 se creó el Servicio de Neonatología del Hospital Clínico y, finalmente, en 1987 se inauguró el Servicio de Pediatría. Actualmente, nuestra Escuela de Medicina realiza la enseñanza de la Pediatría de pre y postgrado en nuestro Hospital Clínico y en el Hospital Dr. Sótero del Río.

En el presente, el Servicio de Pediatría del Hospital Clínico consta de 17 camas de cuidados básicos y 12 camas de cuidados críticos. Además, desde el año 2007 funciona en forma anexa la Escuela Intrahospitalaria Cardenal Juan Francisco Fresno, establecimiento educacional destinado a permitir la escolaridad de niños afectados por enfermedades crónicas o limitantes físicas que impiden la asistencia a escuelas regulares.

La hospitalización pediátrica es muy diferente a la del paciente adulto. No solo difiere en el tipo de patologías, sino que, esencialmente, por la gran variedad de necesidades propias del niño que pueden ser vulneradas en el entorno hospitalario: continuidad de la lactancia materna, aspectos afectivos condicionados por la separación parental, angustia por la incomprensión del proceso intrahospitalario, limitación de la actividad física y lúdica.

Desde sus comienzos, la pediatría hospitalaria ha experimentado grandes cambios, los que se resumen a continuación:

a) Cambios en el perfil epidemiológico. El mejor nivel de vida de la población, el descubrimiento de los antibióticos y el desarrollo de las vacunas han condicionado una progresiva disminución en la frecuencia y gravedad de las enfermedades infecciosas. La viruela ha sido erradicada del planeta; la tuberculosis, difteria, enfermedad reumática y glomérulonefritis postinfecciosa solo se observan en forma anecdótica; el sarampión y la meningitis por Haemophilus influenza son extremadamente infrecuentes. Aún hacia fines de la década del 80, la diarrea aguda con deshidratación era una de las principales causas de morbimortalidad pediátrica; la fiebre tifoidea y la hepatitis aguda eran diagnósticos comunes en los servicios pediátricos. Todas las patologías nombradas demandaban un gran número de camas hospitalarias, siendo corriente denominaciones tales como “sala de diarrea”, “sala de hepatitis” o “sala de tifoidea”. A excepción de la diarrea, rara vez observaremos una de estas patologías en una sala de hospitalización pediátrica actual.

Por otro lado, asistimos al aumento relativo en la prevalencia intrahospitalaria de enfermedades como inmunodeficiencias, trastornos metabólicos y enfermedades autoinmunes, todas ellas complejas y de difícil diagnóstico. Hoy en día, la eficiencia y rapidez con que estas se diagnostican constituyen un indicador de calidad clínico de los servicios pediátricos.

Las enfermedades crónicas, representadas principalmente por síndromes respiratorios, metabólicos, neurológicos y genéticos, han aumentado significativamente su proporción dentro de las salas de hospitalización pediátrica. El desarrollo de nuevos recursos terapéuticos y de apoyo ha determinado que este grupo de pacientes frecuentemente acuda a los hospitales para el adecuado control de sus problemas de salud.

b) Especialización asistencial. Debido a la creciente complejidad y costo de la medicina en general, los hospitales han desarrollado áreas específicas de desarrollo, concentrando la atención de algunas patologías específicas. Un buen ejemplo de esto son los Centros de Cardiopatías Congénitas; el Servicio de Pediatría de la P. Universidad Católica es uno de los tres centros nacionales para la derivación y resolución de cardiopatías congénitas del país. Este programa en particular se encuentra asociado a las políticas nacionales de salud pública (programa AUGE/GES)

c) Aumento de los costos. Al igual que en todas las áreas, el valor de las prestaciones médicas en pediatría se ha multiplicado enormemente, lo que ha obligado a desarrollar una gestión hospitalaria eficiente y dinámica, lo que representa un aspecto crítico en la medicina moderna.

d) Reducción de la mortalidad. En sus comienzos, la mortalidad intrahospitalaria pediátrica era elevadísima. En el siglo XIX esta podía llegar al 50%; a principios del siglo XX la mortalidad de un hospital general en Chile llegaba fácilmente al 25%. En la actualidad, una unidad de cuidados intensivos pediátricos desarrollada tiene mortalidades que no superan el 4%, no debiendo existir mortalidad en una sala pediátrica de cuidados generales.

e) Reducción en los tiempos de hospitalización. El desarrollo de los recursos diagnósticos y terapéuticos, la dedicación exclusiva de algunos médicos a la atención intrahospitalaria, la preocupación por la buena gestión clínica y administrativa y el gran progreso de la medicina ambulatoria, han reducido dramáticamente los tiempos de hospitalización, realidad que afecta tanto a la hospitalización pediátrica como de adultos. En la década de los 80 todavía eran frecuentes las hospitalizaciones de varias semanas; en nuestro Servicio de Pediatría la estadía promedio de un niño hospitalizado es de 2 días. Esta característica tiene el gran valor agregado de reinsertar precozmente al niño en su ambiente familiar.

f) Cambios en el régimen de hospitalización. Aunque aún no plenamente generalizadas, las condiciones del niño hospitalizado han tenido un cambio positivo trascendental. Al igual que en los hospitales de adultos, los niños se ingresaban sin la compañía de sus padres o cuidadores, quienes debían condicionar sus visitas a un horario limitado y restringido. Este ambiente de separación afectiva tiene implicancias directas en la integridad emocional del niño, pudiendo comprometer, además, aspectos esenciales de la salud infantil, como la lactancia materna. La suma de estos factores facilitaba el conocido, pero muchas veces soslayado, “hospitalismo”.

La difusión mundial de los “Derechos del Niño Hospitalizado” ayudó a crear la conciencia necesaria para mejorar activamente el entorno del niño hospitalizado. En la actualidad no debiera ser aceptable una hospitalización pediátrica en la que no participe en forma continua al menos uno de los padres. Desde el año 2005 en el Servicio de Pediatría los pacientes hospitalizados están en la compañía permanente de, al menos, uno de sus padres y el horario para las visitas está liberado.

g) Recursos de apoyo. A esto se agrega la posibilidad de contar con recursos psicopedagógicos “al lado de la cama”, así como asesoría de equipos multidisciplinarios como uso de psiquiatria y psicología de enlace.

El niño hospitalizado representa un gran desafío. Aunque siempre será uno de nuestros principales objetivos, el médico pediatra no puede limitar su labor a la resolución rápida y eficiente de un problema de salud específico. Más allá de esto, debe procurar un entorno hospitalario seguro y cálido, en lo posible familiar, minimizando el riesgo de comprometer la integridad física y sicológica del niño. De esta forma permitiremos su retorno al hogar en las mejores condiciones fisiológicas y afectivas.