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CURSO INTEGRADO DE CLINICAS MEDICO QUIRURGICAS
MEC-246 G-H
APUNTES DE CLASES DEL CAPITULO DE GASTROENTEROLOGIA
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I. EPIDEMIOLOGIA Y PATOGENIA DE LA COLELITIASIS
Esta enfermedad es, sin duda, una de las más comunes en nuestro
país: estudios epidemiológicos en material de autopsias
y en población activa demuestran que Chile tiene la frecuencia
más alta de cálculos vesiculares publicada en el mundo.
En nuestro país más del 90% de los cálculos biliares
son de colesterol. Cálculos pigmentarios puros (sin colesterol)
se observan sólo en un 7% de los litiásicos chilenos.
Las principales características epidemiológicas
de la enfermedad en nuestro medio son las siguientes: (Figuras 1, 2
y 3)
- Su prevalencia es muy superior en mujeres que en hombres.
- Su frecuencia aumenta con la edad de la población, fenómeno
que se observa en ambos sexos.
- Su aparición es relativamente precoz, especialmente en mujeres.
La incidencia de colelitiasis en adolescentes y jóvenes chilenas
es extraordinariamente alta si se la compara con la observada en otros
países.
- La gran incidencia de litiasis en mujeres chilenas en edad fértil
está relacionada con el número de embarazos. En nulíparas
jóvenes, la enfermedad tiene una prevalencia semejante a la
de los hombres de edad comparable. En cambio, la colelitiasis es mucho
más frecuente en las multíparas. Este fenómeno
depende del número de partos de la mujer más que de
su edad.
El embarazo favorece la aparición de los cálculos por
varias razones:
- La motilidad vesicular cambia desde el primer trimestre.
Aumenta el volumen en ayunas y también el volumen residual
después de la contracción, lo que favorece el estasis
de la bilis y
- Aumenta la secreción hepática de colesterol, lo
que se traduce por la secreción de una bilis más
sobresaturada con colesterol, especialmente durante el ayuno.
Además, por razones no bien conocidas, la colestasia del
embarazo se asocia con mucho mayor frecuencia a la aparición
de cálculos. Como sabemos, esta complicación tiene
en Chile la mayor prevalencia del mundo (Aprox. 5% de las gestaciones).
En un tercio de los casos, los cálculos vesiculares pequeños
diagnosticados en el post-parto inmediato mediante ecotomografía,
pueden desaparecer sin dar síntomas dentro de los primeros
meses del puerperio. Este fenómeno puede explicarse por
disolución espontánea (debido a que disminuye la
saturación biliar de colesterol) o por migración
silenciosa de los cálculos al intestino.
- Estudios metabólicos y epidemiológicos realizados
en Chile y en el extranjero demuestran que los obesos tienen un riesgo
mucho mayor de sufrir la enfermedad, pues el sobrepeso aumenta notablemente
la secreción biliar de colesterol. Paradojicamente, la aparición
de cálculos se incrementa si el paciente obeso baja rápidamente
de peso.
- El ancestro indoamericano tiene gran importancia como factor independiente
que predispone a la aparición de la litiasis. Así lo
han demostrado estudios epidemiológicos realizados en nuestro
departamento que comparan la frecuencia de la enfermedad en población
mapuche, mestiza y de origen polinésico (Isla de Pascua). Estos
datos concuerdan con estudios norteamericanos realizados en población
de origen mejicano, cuya frecuencia de colelitiasis es significativamente
mayor que en blancos o negros que habitan la misma zona del país.
PATOGENIA DE LOS CALCULOS DE COLESTEROL
1.- Solubilización del Colesterol biliar
La bilis es una solución compuesta principalmente por lípidos
(colesterol, sales biliares y fosfolípidos), proteínas,
bilirrubina y electrolitos. Hace 30 años, con la aplicación
de principios fisicoquímicos, se inició el avance en
el conocimiento de la solubilización y transporte del colesterol
biliar. Se pudo establecer que el colesterol se disuelve en estructuras
micelares mixtas, donde las sales biliares y los fosfolípidos,
por sus propiedades anfipáticas, orientan sus regiones polares
hacia la fase acuosa manteniendo sus regiones apolares alejadas del
agua, y creando un centro micelar hidrofóbico donde se disuelve
el colesterol. Inicialmente se pensó que las micelas mixtas
eran la única forma de solubilización del colesterol
biliar y se definió un índice de saturación del
colesterol, como la razón entre la cantidad de colesterol presente
en una muestra de bilis y la cantidad máxima teórica
que puede ser solubilizada por ella según la teoría
micelar. Un índice mayor a 100% corresponde teóricamente
a una bilis sobresaturada e inestable, que tiende a la precipitación
del colesterol disuelto.
Sin embargo, pronto se pudo establecer que muchos individuos sanos
tienen una bilis vesicular sobresaturada, según la teoría
micelar, pero fisicoquímicamente estable, sin formación
de cristales de colesterol. Esto hacia planteable la existencia de
otra forma de solubilizar el colesterol biliar, descubriéndose
formaciones vesiculares unilamelares de fosfolípidos que transportan
una fracción importante del colesterol disuelto en la bilis.
Estas vesículas se encuentran incluso en bilis insaturada,
y se las ha observado con microscopía electrónica dentro
del canalículo biliar (Figura 4). Hoy se cree que la mayor
parte del colesterol es secretado en estas vesículas de fosfolípidos-colesterol
y que las sales biliares "capturan" los lípidos que las constituyen
para formar las micelas mixtas. De acuerdo con esta teoría,
en el ayuno predominan las vesículas sobre las micelas y en
el período post-prandial sucede lo opuesto, porque se intensifica
la circulación enterohepática de sales biliares (Figura
5).
2.- Patogenia de la litiasis biliar
La litiasis biliar debe considerarse una enfermedad primariamente
metabólica, cuya patogenia se desarrolla al menos en tres etapas
secuenciales: se inicia con un defecto en la secreción de lípidos
biliares que resulta en una sobresaturación biliar de colesterol,
determinando una solución fisicoquímicamente inestable.
Es seguida por la precipitación de cristales de colesterol;
este fenómeno, llamado "nucleación", es favorecido por
factores nucleantes e inhibido por factores antinucleantes presentes
en la bilis. Los cristales se asocian a otros constituyentes de la
bilis (mucus, bilirrubina, calcio) y por agregación y crecimiento
llegan a constituir los cálculos macroscópicos.
A) Mecanismos de la sobresaturación biliar:
Este fenómeno se observa corrientemente en el ayuno, lo
que se explica por las relaciones que guardan entre sí los
lípidos biliares. Mientras que las secreciones de sales biliares
y de fosfolípidos mantienen una relación estrecha,
casi lineal, la secreción de colesterol tiende a desacoplarse,
permaneciendo elevada a niveles bajos de secreción de sales
biliares. Por eso que la saturación biliar es mucho más
frecuente en el ayuno que en el período post-prandial (Figuras
6 y 7).
La bilis de pacientes litiásicos casi siempre tiene sobresaturada
su capacidad solubilizante de colesterol -fenómeno inicial
y necesario en la litogénesis- como resultado de un exceso
del colesterol biliar y/o una deficiencia de sales biliares.
Exceso de secreción del colesterol biliar : El
aumento en la secreción del colesterol biliar es el evento
metabólico más frecuente en la patogenia de la litiasis
biliar. En nuestro país, los pacientes tienen como fenómeno
fisiopatológico básico esta hipersecreción
biliar de colesterol. Además, varios de los factores de riesgo
para colelitiasis, como el envejecimiento, la obesidad y el uso
de esteroides sexuales femeninos, actúan a través
de este mecanismo patogénico.
Deficiencia en la secreción de sales biliares : Una
secreción disminuida de sales biliares es el reflejo de un
"pool" reducido, ya sea debido a una pérdida intestinal aumentada
o a una síntesis hepática deficiente. Si bien existen
modelos experimentales y condiciones clínicas (enfermedades
inflamatorias intestinales, resección o "bypass" ileal) en
que la interrupción de la circulación enterohepática
de sales biliares se asocia a la secreción de una bilis sobresaturada
en colesterol y desarrollo de litiasis biliar, la mayoría
de los pacientes litiásicos no presenta una pérdida
fecal aumentada de sales biliares como factor preponderante de litogenicidad.
Trastorno mixto, con disminución de las sales biliares
y aumento del colesterol biliar. Este defecto combinado, se
encuentra espontáneamente en el grupo de indios Pima de los
EEUU, que se caracterizan por una altísima prevalencia de
litiasis biliar asociada a obesidad. Sin embargo, este trastorno
metabólico es poco común en la población de
los paises occidentales, incluido Chile.
B) Precipitación y nucleación del colesterol
biliar:
Si bien la sobresaturación biliar del colesterol es una
condición necesaria, no es suficiente para la formación
de colelitiasis; incluso se puede afirmar que la sobresaturación
biliar en ayunas es una condición frecuente en la población
normal de Occidente. Por ello toma importancia el segundo evento
en la patogenia de la litiasis biliar: la nucleación del
colesterol, es decir, la salida del colesterol disuelto desde
una fase líquida hacia una fase sólida de microcristales.
En los pacientes con litiasis por cálculos de colesterol,
es frecuente encontrar cristales de colesterol en la bilis vesicular
(obtenida por sondeo duodenal o por
punción de la vesícula durante la cirugía).
Si la bilis es filtrada eliminando los cristales e incubada, estos
reaparecen en un plazo corto. Un tiempo de nucleación corto
en la bilis vesicular es un criterio seguro para distinguir a los
enfermos litiásicos de los sujetos normales (Figura 8).
El proceso de nucleación es un fenómeno fisicoquímico
todavía insuficientemente comprendido. Mediante videomicroscopía
se ha podido precisar que la cristalización del colesterol
ocurre por agregación y fusión de las vesículas
unilamelares que trasportan el colesterol, seguida por la aparición
de microcristales sólidos.
En bilis humana se han descrito agentes pronucleantes y antinucleantes
con importancia potencial en la patogenia de la litiasis biliar,
pero cuyo rol no está claramente definido. Teóricamente
se plantea que los pacientes litiásicos tendrían una
deficiencia de factores antinucleantes y/o un exceso de factores
pronucleantes, con un balance en favor de un estado de nucleación
acelerada (Figura 9).
También se ha demostrado que el mucus biliar tiene propiedades
pronucleantes in vitro, y que una mayor secreción
de mucina vesicular dependiente de las prostaglandinas precede a
la aparición de litiasis en modelos animales; el uso de ácido
acetilsalicílico previene la hipersecreción de mucus,
la nucleación del colesterol y el desarrollo de cálculos
en estos mismos modelos. Sin embargo, no se ha podido demostrar
que en humanos exista una hipersecreción de mucus como hecho
básico que explique la nucleación acelerada del colesterol
en pacientes litiásicos.
C) Crecimiento y agregación de los cristales de colesterol
La nucleación del colesterol es un paso necesario entre
una bilis sobresaturada de colesterol y la formación de litiasis,
pero la mera presencia de microcristales no explica suficientemente
su agregación para constituir cálculos propiamente
tales. Los mecanismos por los cuales estos cristales se agregan
hasta formar cálculos, no están claramente definidos.
Se ha demostrado que el calcio y la mucina biliar aumentan la velocidad
de crecimiento de los cristales de colesterol in vitro y,
además, podrían participar en la agregación
de los mismos. En el interior de los cálculos se han encontrado
glicoproteínas, postulándose que estarían estructurando
una matriz que facilitaría la agregación de los cristales
y el crecimiento de los cálculos.
Algunos pacientes litiásicos presentan éstasis
vesicular, lo que facilitaría el crecimiento y la agregación
de microcristales de colesterol, constituyendo otro importante factor
patogénico de la litiasis biliar. Tanto evidencias experimentales
como clínicas apoyan el rol de un vaciamiento vesicular deficiente
en la formación y crecimiento de los cálculos. Se
ha encontrado que un subgrupo de pacientes litiásicos presenta
un volumen vesicular residual (post-contracción) aumentado,
con respecto a sujetos controles.
Se ha demostrado también que algunas situaciones que favorecen
la aparición de cálculos (embarazo, p. ej.) se caracterizan
por un retardo del vaciamiento vesicular y un volumen residual mayor.
La Figura 10 resume los conceptos actuales sobre la patogenia de
los cálculos biliares de colesterol.
3.- Factores de riesgo para el desarrollo de la litiasis biliar
Se han descrito varios factores de riesgo para esta enfermedad, atribuidos
fundamentalmente a alteraciones en la secreción de los lípidos
biliares; sin embargo, deben considerarse también factores
predisponentes que pueden influir sobre la precipitación del
colesterol biliar, y el crecimiento y agregación de cristales.
La edad se correlaciona positivamente con la frecuencia de
colelitiasis, probablemente determinada por hipersecreción
de colesterol biliar asociada al envejecimiento.
- El sexo femenino aumenta el riesgo de desarrollar litiasis,
por un incremento en la saturación biliar atribuida al efecto
de los estrógenos sobre el metabolismo hepático del
colesterol.
- El embarazo es un factor de riesgo independiente, que aumenta
con la multiparidad. Se ha descrito un aumento de la secreción
y saturación biliar de colesterol, disfunción motora
vesicular y detección de colelitiasis en los últimos
meses de la gestación con desaparición espontánea
de los cálculos en el puerperio, todos eventos que resultarían
del aumento sostenido de los niveles de estrógenos y progesterona
durante el embarazo y su normalización postparto.
- En relación a los esteroides sexuales, varios estudios
han demostrado que la administración exógena de estrógenos
incrementa la frecuencia de colelitiasis y es posible que la progesterona
también constituya un factor litogénico, dado que
aumenta la saturación biliar de colesterol en humanos y en
animales de experimentación.
- La obesidad predispone a la enfermedad litiásica,
atribuyéndose a una mayor secreción del colesterol
biliar probablemente relacionado a un aumento en la síntesis
corporal total del colesterol, fenómeno que revierte a la
normalidad cuando los sujetos alcanzan un peso ideal.
- Mucho se ha especulado sobre el rol de la dieta como factor de
riesgo de litiasis biliar. Una dieta rica en grasas y colesterol
podría aumentar la secreción y la saturación
biliar del colesterol, mientras que una dieta abundante en ácidos
grasos insaturados y fibra tendría un efecto protector para
el desarrollo de colelitiasis. Lo que ha sido demostrado categóricamente,
es el efecto sobresaturante biliar inducido por el consumo de leguminosas,
tanto en animales como en humanos, y que es atribuido al contenido
de esteroides vegetales. Ello ha permitido identificar un factor
dietético de riesgo para el desarrollo de la litiasis biliar,
el que podría tener un rol en nuestra población que
todavía conserva un consumo considerable de leguminosas.
- Entre las drogas que predisponen a la colelitiasis destacan
algunos hipolipidemiantes como el clofibrato, que reduce los niveles
plasmáticos del colesterol aumentando su secreción
biliar, además de disminuir la síntesis y el pool
de sales biliares, lo que crea condiciones de riesgo para el desarrollo
de cálculos.
- La resección del ileon distal y la ileitis (enf. de Crohn)
determinan un alto riesgo litogénico debido a la malabsorción
de sales biliares que excede la capacidad de respuesta de la síntesis
hepática, con reducción de su secreción, condicionando
una bilis sobresaturada.
No existe relación entre los niveles plasmáticos de
colesterol total (considerados como factor independiente de la obesidad)
y la frecuencia de colelitiasis. En cambio los niveles bajos de Colesterol
HDL constituyen un importante factor de riesgo demostrado en estudios
epidemiológicos chilenos y extranjeros.
Por último, el hecho de que la colelitiasis pueda presentarse
en asociación familiar y que el riesgo de colelitiasis aumente
en familiares de pacientes portadores de cálculos biliares,
sugiere que los defectos metabólicos involucrados en la patogenia
de la enfermedad puedan ser heredados, aunque no se ha detectado aún
algún marcador genético seguro.
En resumen, la colelitiasis por cálculos de colesterol es
una enfermedad multifactorial como lo muestra la Figura 11.
II. SEMIOLOGIA DE LA LITIASIS BILIAR
1.- Cólico biliar
Constituye el síntoma principal de la litiasis y se presenta
cuando un cálculo obstruye alguno de los puntos críticos
del sistema biliar: el nacimiento del cístico o el extremo
distal del colédoco. El dolor tiene su origen en la hipertensión
brusca de la vesícula o de la vía biliar, aparecida
como consecuencia de la oclusión del lumen.
En nuestra experiencia, ha sido de gran utilidad clínica distinguir
esquemáticamente dos clases de cólicos biliares: "simple"
y "complicado". En el primer caso, la obstrucción del conducto
cístico o de la vía biliar es transitoria, y cede espontáneamente
o por efecto de anticolinérgicos, sin dejar secuelas. En el
segundo caso, la obstrucción se prolonga y durante su curso
aparecen complicaciones vasculares, inflamatorias o sépticas,
que pasan a comprometer la evolución del paciente.
Habitualmente, el cólico biliar "simple" se inicia
dos o tres horas después de una comida, con sensación
de distensión epigástrica o de dificultad respiratoria
retroxifoidea, que rápidamente se transforma en un dolor de
intensidad creciente, continuo, de ubicación epigástrica
y en el hipocondrio derecho. Comúnmente se irradia al dorso
derecho y se acompaña de náuseas; el vómito se
presenta al comienzo del cólico, es de poca cuantía
y no alivia al enfermo. Este episodio de cólico simple dura
de quince minutos a dos horas, y cede gradualmente en forma espontánea.
También se alivia en forma rápida con antiespasmódicos
por vía parenteral. El paciente puede presentar una febrícula
fugaz, y dolor a la palpación del hipocondrio derecho, sin
resistencia muscular. La rápida resolución del cólico
simple indica que la obstrucción que le dio origen ha desaparecido
espontáneamente o con la ayuda de los anticolinérgicos.
A diferencia del anterior, el cólico biliar "complicado"
se caracteriza por ser mucho más prolongado (varias horas o
días); sólo cede parcial y transitoriamente a los analgésicos,
y recidiva de manera precoz. Con frecuencia se acompaña de
vómitos intensos y rebeldes, escalofríos, fiebre o ictericia.
A menudo, el dolor ocupa todo el hemiabdomen superior y se irradia
en faja al dorso. El examen del abdomen puede mostrar defensa muscular
involuntaria o una masa en la región vesicular. Este dolor
complicado por uno o más de los signos descritos, indica que
la obstrucción biliar se ha hecho permanente, y se le han
agregado fenómenos de necrosis o de inflamación. Con
este tipo de cólico se presentan la colecistitis aguda, la
coledocolitiasis con un cálculo enclavado en el esfínter
de Oddi, la fístula biliodigestiva y la pancreatitis aguda
asociada a patología biliar.
Comúnmente se piensa que los cólicos biliares sólo
aparecen después de comidas abundantes y muy ricas en grasas,
porque se supone que ellas constituyen el mejor estímulo para
la liberación de colecistoquinina. Sin embargo, en la aparición
del cólico biliar el azar desempeña un papel tanto o
más importante que el tipo de comidas. En varios protocolos
experimentales hemos obtenido bilis de la vesícula biliar de
pacientes litiásicos, provocando su vaciamiento con colecistoquinina
parenteral o infusión de aminoácidos al duodeno. A pesar
de estos potentes estímulos nunca hemos desencadenado un cólico
biliar en los pacientes. Para que el dolor aparezca no basta con una
enérgica contracción vesicular; también se requiere
que un cálculo esté situado en la posición adecuada
para ocluir el bacinete.
El comienzo del cólico biliar puede ser gradual o brusco.
Durante su máximo, habitualmente el dolor es contínuo
y de intensidad uniforme. Sin embargo, en ocasiones puede presentar
exacerbaciones cólicas. La localización en el epigastrio
y el hipocondrio derecho, así como la irradiación dorsal,
a pesar de ser las más comunes, no son exclusivas ni constantes.
El cólico biliar también puede situarse en el hipocondrio
izquierdo, región retrosternal baja, flancos o región
periumbilical.
2.- "Dispepsia biliar"
Este equívoco término, cuyo uso debe desterrarse de
la medicina, se refiere a un abigarrado conjunto de síntomas
que comúnmente se atribuyen erróneamente a la colelitiasis.
Entre ellos están la intolerancia por alimentos ricos en grasas,
la plenitud postprandial, la regurgitación, los eructos, el
mal sabor, la halitosis, la lengua saburral, etc. Muchas de estas
molestias probablemente se originan en trastornos motores del esófago,
estómago y región piloroduodenal, y son comunes en pacientes
con malos hábitos de alimentación o que sufren problemas
emocionales. Nunca se ha demostrado que tengan relación con
la presencia de cálculos biliares. Por el contrario, hay trabajos
prospectivos realizados en Chile y en el extranjero que han mostrado
que la frecuencia de estos síntomas es la misma en los litiásicos
que en la población general.
3.- Fiebre e ictericia
En la anamnesis de los enfermos con litiasis hay dos signos que merecen
particular atención: la fiebre y la ictericia.
Dos tipos de fiebre pueden guardar relación con la
litiasis. El primero se presenta bruscamente, precedido por escalofríos,
y se caracteriza por una crisis breve (de horas), en que se alcanzan
los 39ºC, o más. Corrientemente, estos episodios se asocian
a una coledocolitiasis y pueden constituir, por un tiempo, su
única manifestación clínica. En el segundo
tipo, la fiebre es prolongada, de varios días de duración
y de intensidad moderada. Suele acompañar a la colecistitis
aguda y sus complicaciones sépticas (absceso subfrénico,
por ej.).
La ictericia, precedida o acompañada por coluria, puede
(al igual que la fiebre) aparecer en brotes fugaces y silenciosos,
o seguir a un episodio de cólico biliar. Con menor frecuencia,
la coledocolitiasis evoluciona con una ictericia más prolongada.
4.- Palpación vesicular
La vesícula biliar normal no se palpa, porque su consistencia
y su posición (habitualmente subhepática) no lo permiten.
Si la vesícula está inflamada y se bascula el hígado
levantado su borde anterior, se puede palpar el fondo vesicular, distendido
y sensible (Signo de Murphy). Este signo tiene valor cuando el dolor
es bien localizado y se desplaza con los cambios de posición
del hígado, en decúbito lateral y de pie. En cambio,
cuando la zona dolorosa es difusa y abarca toda la región subcostal
derecha, se debe desconfiar del origen biliar del dolor y pensar en
otras causas de dolor hepático o subhepático: hígado
congestivo, hepatitis alcohólica, hepatitis viral aguda o espasmo
de colon.
La palpación de una masa en la región vesicular tiene
gran valor semiológico. Se distinguen tres tipos de estas masas:
- La vesícula distendida, que conserva su forma y
su movilidad, y es poco sensible o indolora. En ausencia de ictericia,
la vesícula distendida indica obstrucción del cístico
por un cálculo enclavado; si se presenta con ictericia, indica
una obstrucción biliar por un cáncer del páncreas
o del colédoco distal.
- La vesícula tumoral se palpa como una masa irregular
de consistencia dura, fija, asociada o no asociada a una hepatomegalia
nodular; traduce la infiltración de la vesícula por
un cáncer y su extensión al hígado por vecindad.
- El plastrón vesicular se palpa como una masa sensible,
de límites imprecisos, y puede aparecer en el curso de una
colecistitis aguda si la necrosis y la inflamación de la
pared alcanzan la superficie peritoneal. Además de la vesícula
(que puede hallarse distendida o atrófica), forman parte
del plastrón el epiplón inflamado, colon o intestino
delgado, que se adhieren a la vesícula y al borde inferior
del hígado.
III. RADIOLOGIA DE LA VESICULA Y DE LA VIA BILIAR
Los exámenes de imágenes, obtenidas por ultrasonido o
por radiología convencional, son la ayuda más importante
de que dispone el clínico para el diagnóstico de la litiasis
biliar y sus complicaciones.
1.- Examen de la vesícula biliar
1a. Una radiografía simple de la región vesicular
puede demostrar las sombras de cálculos que contengan calcio
: pero sólo un 10 por ciento de los cálculos son radioopacos.
Además, otros elementos pueden ser confundidos con cálculos
biliares, como son cartílagos costales calcificados, cálculos
renales, o ganglios linfáticos calcificados.
1b. La ecotomografía constituye el mejor método
para explorar la vesícula biliar. Esta, por su contenido líquido
y su cercanía a la pared abdominal, es fácilmente explorable
por ultrasonido. Por su parte, los cálculos biliares, intensamente
ecorrefríngentes, son rápidamente pesquisados en el
lumen vesicular. Por ello la ecotomografía es muy sensible
y específica para diagnosticar cálculos vesiculares,
sin otro requisito que el paciente se encuentre en ayunas. Proporciona
además información acerca del grosor de la pared vesicular,
el calibre de la vía biliar principal, el tamaño y la
homogeneidad del parenquima hepático.
Los posibles hallazgos de una ecografía vesicular son los
siguientes:
- Vesícula normal, de pared delgada (grosor inferior a 3
mm) sin imágenes ecogénicas en su interior.
- Imágenes ecogénicas que generan una "sombra acústica"
y se desplazan con los cambios de posición del paciente.
Corresponden a cálculos y pueden detectarse con facilidad,
incluso si son de pequeño tamaño.
- Lumen vesicular indetectable, reemplazado por una gran "sombra
acústica" que corresponde a uno o varios cálculos
que lo ocupan totalmente.
El procedimiento tiene una certeza diagnóstica superior al
95%, con falsos negativos de aproximadamente 3% y falsos positivos
de alrededor de 2%.
1c. La colecistografía oral fue por muchos años
el método habitual para explorar radiológicamente la
vesícula biliar. el paciente recibía tabletas de un
medio de contraste que se absorbía en el intestino delgado
y era eliminado por la vía biliar y concentrado en la vesícula.
El método tenía numerosas limitaciones : no se podía
utilizar durante el embarazo y no servía en pacientes con ictericia.
Hoy es parte de la historia de la medicina, puesto que fue reemplazado
con grandes ventajas por la ecotomografía.
1d. La Tomografía Computada no tiene ventajas sobre
la ecotomografía para explorar la vesícula biliar.
2.- Examen de los conductos biliares: Existen diferentes
métodos para obtener imágenes de la vía biliar
:
2a. Ante la sospecha de litiasis de vía biliar en un
paciente con o sin ictericia, la ecotomografía es el
procedimiento de elección para iniciar el estudio de imágenes,
puesto que permite ver la vía biliar intrahepática y
el conducto hepático común en el 100% de los casos.
La observación del colédoco es de menor rendimiento,
puesto que a menudo es dificultada por la interposición de
gas del colon o del duodeno.
Cualquier proceso que dificulta el vaciamiento de la vía biliar
lleva habitualmente a su dilatación gradual, fenómeno
que es fácilmente pesquisable por la ecografía. Si este
examen demuestra un hepatocolédoco de diámetro igual
o mayor a 10 mm, se puede afirmar la presencia de una obstrucción
con una certeza superior al 95%. A la inversa, un conducto biliar
principal fino, de diámetro igual o inferior a 5 mm, rara vez
coexiste con una coledocolitiasis; pero no la descarta totalmente.
No siempre una dilatación del colédoco significa que
existe una obstrucción biliar actual; es posible que los cálculos
hayan obstruido temporalmente el colédoco, emigrando posteriormente
al duodeno.
La visualización ecográfica directa de cálculos
dentro del colédoco se obtiene sólo en un 50-60% de
los casos de coledocolitiasis, por la dificultad para explorar el
colédoco distal, donde con frecuencia se localizan los cálculos.
2b. Completada la exploración ecográfica es
necesario precisar el sitio y la naturaleza de la obstrucción
de la vía biliar mediante procedimientos radiológicos
que permitan la visión directa del hepatocolédoco y
de las ramas intrahepáticas de la vía biliar.
Existen dos exámenes no invasivos que consiguen este objetivo
con gran sensibilidad y especificidad : la tomografía computada
helicoidal con medio de contraste y la resonancia nuclear magnética.
Ambos tienen la ventaja de entregar información más
precisa que la ecografía, especialmente del sector distal del
colédoco y del páncreas. Constituyen exámenes
ideales para explorar la vía biliar antes de una colecistectomía
laparoscópica. Desgraciadamente su costo es todavía
elevado y su disponibilidad en el sector público de la salud
es habitualmente escaso.
2c. Como método alternativo de visualización
se puede utilizar la colangiografía retrógrada por
vía endoscópica. Introduciendo un duodenoscopio
se identifica la ampolla de Vater, se procede a su canulación
y se inyecta medio de contraste en el colédoco distal. Si se
dispone de un equipo entrenado de endoscopistas y radiólogos,
se obtiene éxito en un 80% de los casos. Entre las ventajas
del procedimiento cabe mencionar la baja morbilidad y mortalidad del
procedimiento, la posibilidad de explorar simultáneamente el
esófago, estómago, duodeno y ampolla de Vater y de obtener
una pancreatografía, examen de gran utilidad si se sospecha
la existencia de una pancreatitis crónica o de un cáncer
del páncreas; además, se cuenta con la posibilidad de
realizar una papilotomía endoscópica y extraer cálculos
del colédoco a través de ella.
La colangiografía retrógrada es un examen que requiere
de personal entrenado, tiempo y necesita equipo de alto valor de reposición.
Por todas estas razones constituye un examen que debe ser practicado
con indicaciones muy precisas. En los últimos años este
procedimiento se ha difundido a los principales hospitales del país
y se utiliza con frecuencia para remover cálculos del colédoco
descubiertos antes o durante una colecistectomía laparoscópica.
2d. Colangiografía intra y post-operatoria:
La colelitiasis coexiste con una coledocolitiasis en el 5 - 10% de
los casos. Muchos pacientes tienen cálculos en el colédoco
sin que existan elementos clínicos, ecográficos o de
laboratorio que permitan sospecharlos antes de la operación.
Por ello, en toda colecistectomía es conveniente hacer una
colangiografía intraoperatoria, contrastando el colédoco
a través del conducto cístico (colangiografía
transcística). Este examen, relativamente sencillo, reduce
a un mínimo (1%) la incidencia de coledocolitiasis residual.
Si durante una lapatoromía clásica el cirujano ha explorado
instrumentalmente el colédoco colocando en él una sonda
T, es obligatorio revisar radiológicamente la permeabilidad
de la vía biliar mediante una colangiografía post-operatoria
antes de retirar la sonda.
3.- La radiografía de abdomen simple puede ser
útil si se sospecha la aparición de una fístula
biliodigestiva. En este caso puede aparecer gas en la vía biliar
(neumobilia) asociado o no a la imagen propia de un ileo mecánico
si se ha producido una obstrucción del intestino delgado distal
por un cálculo ("ileo biliar").
IV. FORMAS CLINICAS Y TRATAMIENTO (Figura 12)
Con los datos obtenidos de la anamnesis, del examen físico y
del apoyo diagnóstico de la radiología y del laboratorio,
se pueden configurar las siguientes formas clínicas de la litiasis
biliar:
1.- Colelitiasis asintomática
En los exámenes practicados para investigar otras patologías
(especialmente en las ecografías) comúnmente se detectan
cálculos vesiculares que han permanecido silentes.
¿Qué se debe aconsejar a un enfermo con colelitiasis
asintomática? Durante muchos años, esta pregunta ha
sido motivo de controversia y, aunque cada vez se dispone de mayor
información acerca de la evolución espontánea
de la enfermedad, no es suficiente aún para adoptar normas
universales y taxativas.
Algunos estudios, realizados en Estados Unidos y en Italia, parecen
indicar que la mayoría de los litiásicos que nunca han
tenido síntomas permanecen así durante muchos años.
En un estudio con ecografía vesicular practicado en el pueblecito
de Sirmione, al norte de Italia, se demostró que el 78 por
100 de los 132 pacientes en que se encontró colelitiasis no
habían tenido nunca síntomas propios de la enfermedad.
Una experiencia parecida se obtuvo siguiendo la evolución de
123 profesores de la Universidad de Michigan, en los que se detectó
una colelitiasis silenciosa mediante colecistografía. Al cabo
de quince años de observación, sólo un 18 por
100 de ellos había desarrollado síntomas. Este trabajo
mostró, además, que las complicaciones agudas de la
enfermedad se presentaron de forma excepcional en pacientes previamente
asintomáticos.
Contrastan con estos resultados las observaciones realizadas en el
Estudio Cooperativo de Colelitiasis, realizado hace algunos años
en Estados Unidos. Este trabajo permitió seguir, durante veinticuatro
meses, a 305 litiásicos que cumplían con los requisitos
para ser tratados con ácidos biliares, pero recibieron placebo.
De ellos, 193 no habían tenido nunca síntomas biliares
hasta el momento de entrar en el estudio; 60 (31 por 100) los presentaron
durante los dos años de observación. La diferencia con
los trabajos anteriores podría deberse a que durante este estudio
los enfermos fueron cuidadosamente interrogados cada cuatro meses,
lo que sin duda favorece el recuerdo de síntomas relativamente
menos intensos.
Trabajos epidemiológicos realizados en nuestro departamento
para investigar la historia natural de la enfermedad, muestran que,
a mediano plazo, la mayoría de los enfermos chilenos con litiasis
presentan cólicos biliares o complicaciones de la enfermedad.
En una población suburbana de Santiago se practicaron colecistografías
a 625 voluntarios, elegidos al azar. En 47 de ellos se detectó
una colelitiasis y se los observó, durante un período
de seis a diez años. Sólo 21 (45 por 100) de estos enfermos
permanecieron libres de molestias; 26 (55 por 100) presentaron cólicos
biliares y 11 (25 por 100) debieron ser operados durante el período
de observación. Cuatro de estos últimos requirieron
cirugía de urgencia por colecistitis aguda o ictericia obstructiva.
Un excelente trabajo sobre la historia natural de la litiasis fué
publicado por Attili et al en 1995. Estos autores siguieron a 151
litiásicos (33 sintomáticos y 118 asintomáticos)
a lo largo de 10 años. La probabilidad de cólicos biliares
en los inicialmente asintomáticos fué de 12% a los 2
años, 16,5% a los 4 años y 25% a los 10 años.
La probabilidad de complicaciones mayores (colecistitis aguda, coledocolitiasis,
pancreatitis aguda) fué de 3% en los asintomáticos y
de 6,5% en los sintomáticos.
La llamativa disparidad observada en estos trabajos epidemiológicos
lleva a pensar que la historia natural de la litiasis no es homogénea
para todos los grupos de pacientes. Existen evidencias que en muchas
mujeres jóvenes la litiasis se hace sintomática en un
plazo más breve, obligando a una operación más
precoz. Por otro lado, se ha observado que la litiasis de los hombres
debuta con mayor frecuencia con complicaciones agudas (colecistitis
aguda, coledocolitiasis).
Aunque no existe consenso universal sobre el tratamiento de la litiasis
asintomática, parece recomendable que estos pacientes sean
operados, porque las molestias y los riesgos de la cirugía
son mucho menores en los enfermos que se intervienen en forma electiva
(cirugía laparoscópica) que en aquellos que son operados
de urgencia por complicaciones que obligan a una laparotomía.
La tabla siguiente muestra la experiencia de nuestro servicio de cirugía
respecto de este punto. Las cifras de mortalidad y morbilidad fueron
obtenidas analizando la evolución post-operatoria de 2.295
casos:
Tabla 1.- Morbilidad y mortalidad operatoria en la cirugía
biliar electiva y de urgencia
| |
n
|
% mortalidad
|
% morbilidad
|
| Colecistectomía: |
|
|
|
Electiva |
1.485
|
0.27
|
9.6
|
De urgencia. |
446
|
1.57
|
13.5
|
| Colecistectomía-coledocostomía:
|
|
|
Electiva. |
261
|
1.53
|
20.7
|
De urgencia |
103
|
5.80
|
27.2
|
También se ha señalado en apoyo del tratamiento quirúrgico
de los enfermos asintomáticos la alta frecuencia del cáncer
vesicular en nuestro medio. Este tumor se asocia a cálculos
en más del 90% de los casos, y se le encuentra in situ en el
2% de las vesículas operadas.
El tratamiento médico de la colelitiasis constituye
una alternativa teórica para un pequeño grupo de pacientes
asintomáticos. Como ya se señaló, los ácidos
biliares desempeñan un papel fundamental en la solubilización
del colesterol. El hígado sintetiza dos ácidos biliares
(cólico y quenodeoxicólico (QDC)) que, conjugados con
glicina o taurina, constituyen alrededor del 80% del total de sales
biliares que se encuentran en la circulación enterohepática.
En 1971 se propuso intentar la disolución de los cálculos
vesiculares mediante la administración oral de ácidos
biliares.
La vasta experiencia acumulada con este tipo de tratamiento ha mostrado
que, de todos los ácidos biliares, sólo el QDC y su
isómero, el ursodeoxicólico (UDC), son capaces de disolver
cálculos de colesterol. Ambos son eficientemente absorbidos
en el intestino delgado, captados por el hígado, conjugados
o incorporados a la circulación enterohepática. Aunque
a dosis terapéuticas no modifican el tamaño del pool
total de ácidos biliares, ambos tienen efectos favorables
sobre el metabolismo hepático e intestinal del colesterol que
conducen a una reducción de la secreción canalicular
y del índice de saturación del colesterol, quedando
los sistemas biliares de solubilización con capacidad disponible,
lo que les permite capturar el colesterol de los cálculos y
lograr su lenta disolución.
El ácido QDC presenta ocasionalmente evidencias de laboratorio
de toxicidad hepática y frecuentemente produce diarrea: en
cambio, el ácido UDC no tiene estos inconvenientes para su
uso, por lo que prácticamente ha desplazado al anterior. Para
iniciar un tratamiento con UDC se requieren las siguientes condiciones:
el paciente debe ser asintomático. Si tiene exceso de peso,
conviene que lo normalice, porque la obesidad dificulta la respuesta
al tratamiento. Sólo se obtendrán resultados positivos
si la vesícula conserva su capacidad de concentración
y si los cálculos son radiotransparentes y miden menos de 15
mm. Los casos ideales, de más rápida disolución,
son aquellos que presentan múltiples cálculos pequeños.
La dosis del UDC es de al menos 10 mg/kg/día. La droga carece
de toxicidad y sus efectos secundarios son de muy baja frecuencia.
Si durante el tratamiento el enfermo presenta cólicos biliares,
debe ser operado.
El proceso de disolución de los cálculos es lento:
a los dieciocho meses de iniciada la terapia, han desaparecido en
el 60-70 por 100 de los casos. Si después de un año
de tratamiento no se consigue respuesta, se debe interrumpir el uso
de la droga. Se ha demostrado que la bilis de los pacientes cuyos
cálculos han sido disueltos vuelve a sobresaturarse y la litiasis
reaparece con rapidez, especialmente en los enfermos que han tenido
cálculos múltiples.
La colecistectomía laparoscópica ha disminuído
mucho el uso del tratamiento médico de la colelitiasis, puesto
que ha reducido notablemente las molestias de la operación,
el tiempo de hospitalización y su costo.
2.- Colelitiasis sintomática simple
Constituye la forma más común de presentación
clínica de la enfermedad. Se caracteriza por una historia de
cólicos biliares simples, cuya frecuencia e intensidad tiende
a aumentar con el paso del tiempo. El examen ecográfico verifica
la presencia de cálculos.
Como se ha señalado, los síntomas "dispépticos"
carecen de valor diagnóstico; si son muy llamativos obligan
a un estudio más detenido del paciente y al tratamiento de
otras patologías digestivas, como el reflujo gastroesofágico,
el colon espástico o la constipación, que a menudo coinciden
por azar con la litiasis.
El tratamiento de la colelitiasis sintomática simple es la
colecistectomía, único procedimiento útil para
terminar con los cólicos biliares. El regimen liviano y el
uso rutinario de antiespasmódicos no se han demostrado eficaces
para prevenirlos. Los pacientes son intervenidos por laparoscopía
y es conveniente realizarla pronto, pues una espera prolongada aumenta
la probabilidad de complicaciones graves.
3.- Colecistitis "aguda"
La fisiopatología de esta complicación se resume en
la Figura 13. Para que se desencadenen la inflamación
aguda y la necrosis se requiere el efecto combinado de la ectasia,
la irritación química de la mucosa y la isquemia
de la pared vesicular.
El mecanismo más común de ectasia es la obstrucción
mantenida del conducto cístico por un cálculo. Conviene
recordar que también puede existir ectasia en el ayuno prolongado:
se han observado casos de colecistitis aguda alitiásica en
pacientes mantenidos por largo tiempo con alimentación parenteral.
Se acostumbra atribuir la irritación química
de la mucosa a la presencia de sales biliares concentradas, lo que
parece discutible, porque la simple ligadura del cístico en
animales de experimentación no desencadena el cuadro agudo,
aunque la vesícula contenga sales biliares. En experimentos
realizados en el prairie dog, se ha determinado que el factor
irritativo más importante parece ser la presencia de bilis
sobresaturada, rica en cristales de colesterol. También se
ha postulado que fosfolipasas de origen vesicular o pancreático
podrían atacar a las lecitinas biliares, liberando lisolecitinas
capaces de destruir membranas celulares y desencadenar el fenómeno
inflamatorio.
La isquemia es de gran importancia para explicar la necrosis
de la pared vesicular. Contribuyen a ella la trombosis de los vasos
císticos, por la compresión del bacinete, y la hipertensión
que se produce en el lumen durante la obstrucción, la que también
reduce el flujo sanguíneo a la mucosa.
Se ha descartado que las bacterias desempeñen un papel fundamental
en la patogenia de la colecistitis "aguda", porque en un 30 por 100
de estos pacientes los cultivos de bilis y de pared vesicular no muestran
desarrollo de gérmenes (Tabla 2). Las bacterias encontradas
en los casos infectados seguramente corresponden a la proliferación,
en una cavidad cerrada, de la flora mixta de origen entérico
que se encuentra en más de un tercio de los casos de colecistitis
crónica litiásica.
Tabla 2.- BACTERIAS Y COLELITIASIS
- LA VESICULA SANA NO CONTIENE GERMENES
- COLECISTITIS CRONICA : CULTIVOS + EN 25 - 40% AUMENTA
CON LA EDAD
- COLECISTITIS AGUDA : CULTIVOS + EN 60 - 75%
- FLORA : GEN. MIXTA
AEROBIOS : E. COLI - KLEBSIELLA - E. FECALIS
ANAEROBIOS : B. FRAGILIS - C. PERFRINGENS
- VIA INFECCION : ASCENDENTE
|
El proceso de inflamación y necrosis compromete habitualmente
todo el espesor de la pared, alcanzando hasta la serosa, en cuya superficie
se produce un exudado rico en fibrina que aglutina a los órganos
vecinos en torno de la vesícula enferma (plastrón vesicular).
Generalmente, en este proceso adherencial participan el bulbo duodenal,
el epiplón mayor, el colon y, con menor frecuencia, el colédoco
y el antro gástrico.
Si la isquemia es de gran intensidad, la necrosis termina por destruir
la pared vesicular y sobreviene la perforación. En casos excepcionales,
este proceso es fulminante y lleva a una peritonitis biliar. En cambio,
si la perforación ocurre con el plastrón ya establecido,
se constituye un absceso perivesicular, que puede quedar limitado
al espacio subhepático, migrar al espacio subfrénico
o buscar camino hacia el tubo digestivo vecino, estableciendo una
fístula biliodigestiva. De éstas, la más común
es la colecistoduodenal; más raras son las fístulas
colecistocoledociana y colecistocolónica.
El paso de un cálculo grande al duodeno puede conducir a un
íleo biliar por su atascamiento en el intestino delgado distal.
En la mayoría de los casos, la colecistitis "aguda" corresponde
en realidad a una colecistitis crónica reagudizada. Los repetidos
episodios de obstrucción transitoria del cístico y la
presencia de los cálculos van produciendo una inflamación
crónica y fibrosis de la pared vesicular, con atrofia de la
mucosa. Sólo el 1-2 por 100 de los casos de inflamación
aguda se presentan en una vesícula previamente sana. Ello suele
suceder en el curso de una fiebre tifoidea (colecistitis tifica),
o en pacientes con ectasia vesicular prolongada (alimentación
parenteral).
Habitualmente, el diagnóstico de colecistitis "aguda" es sencillo.
Se hace por la presencia o por el antecedente reciente de un cólico
biliar complicado por fiebre persistente de intensidad moderada, defensa
muscular involuntaria y palpación de una masa en la región
vesicular. En caso de duda se recurre a la ecografía, que muestra
la litiasis y el engrosamiento de la pared vesicular.
Un 25 por 100 de los casos de colecistitis "aguda" presentan ictericia
durante su evolución: en la mayoría de ellos, el fenómeno
se debe a una coledocolitiasis, o a la compresión del colédoco
por un cálculo grande enclavado en el bacinete. En los pacientes
en que no se encuentra una causa mecánica, se supone que la
ictericia puede ser debida a una colestasia por endotoxinas bacterianas.
En todo caso, una bilirrubinemia superior a 5 mg., en el curso de
una colecistitis "aguda", permite asegurar que existe una coledocolitiasis
asociada.
El tratamiento de la colecistitis "aguda" es siempre quirúrgico,
excepto en los raros casos en que hay contraindicación absoluta
para la operación. El enfermo debe ser intervenido tan pronto
como su diagnóstico sea seguro y sus condiciones generales,
satisfactorias. La operación puede presentar grandes dificultades
técnicas por la alteración de la anatomía, la
fragilidad de los tejidos comprometidos y la coexistencia de otras
complicaciones, como coledocolitiasis, pancreatitis aguda y fístulas
biliodigestivas. Por ello, la cirugía de la colecistitis "aguda"
requiere experiencia y prudencia, para evitar operaciones incompletas
(coledocolitiasis residual, persistencia del muñón cístico)
o daño quirúrgico de la vía biliar. Aun así,
la morbilidad y mortalidad postoperatorias de este cuadro son considerables.
4.- Coledocolitiasis
Entre un 5 y un 10 por 100 de los casos de colelitiasis presentan
simultáneamente cálculos en el colédoco. Estudios
en autopsias han demostrado que esta asociación va en aumento
con la edad, alcanzando hasta un 20% en litiásicos mayores
de 60 años.
Al parecer, la migración silenciosa de cálculos de
la vesícula al colédoco, y de allí al duodeno,
es un fenómeno relativamente común; se han encontrado
cálculos biliares en las deposiciones de pacientes con colelitiasis
asintomática, y no es raro que la exploración radiológica
o quirúrgica de la vía biliar en un enfermo con un cuadro
típico de coledocolitiasis no demuestre los cálculos,
porque éstos ya pasaron al tubo digestivo.
En la mayoría de los pacientes, los cálculos coledocianos
se originan en la vesícula biliar: de hecho, su forma y composición
son similares a las de los cálculos vesiculares. Los pequeños
cálculos que migran a través del cístico siguen
creciendo en el colédoco por aposición de colesterol;
simultáneamente, se produce una dilatación gradual de
la vía biliar que, con los años, puede llegar a un diámetro
de 2 cm. o más.
Con menor frecuencia, los cálculos coledocianos se originan
en la misma vía biliar: ello se observa en casos de estenosis
del hepático común o del colédoco, en los que
se desarrollan cálculos pardos de bilirrubinato, o mixtos.
Este fenómeno desaparece si se corrige la estrechez o se deriva
la vía biliar dilatada al duodeno. En casos excepcionales,
como la enfermedad de Caroli (dilataciones saculares de los conductos
biliares secundarios) se describe la formación de cálculos
de colesterol en la vía biliar intrahepática.
La forma clásica de presentación de la coledocolitiasis
es la coexistencia de dolor, ictericia y fiebre. Sin embargo,
esta combinación sólo se observa en un tercio de los
pacientes; en la mayoría, la enfermedad se manifiesta por sólo
uno o dos de estos síntomas.
Habitualmente, el cólico biliar de la coledocolitiasis
es complicado, de gran intensidad, y se asocia a estado nauseoso y
vómitos rebeldes. Puede prolongarse durante varias horas y,
si alivia con antiespasmódicos, tiende a reaparecer precozmente.
Se le puede confundir con un cólico ureteral derecho: es útil
tener presente que en este caso, el paciente aparece muy inquieto,
mientras que, si el dolor es de origen biliar, tiende a permanecer
postrado en su cama.
La ictericia puede ser fugaz o subclínica, manifestándose
sólo por una coluria transitoria. En otros casos, el enclavamiento
de un cálculo en la ampolla de Vater da origen a una ictericia
prolongada, que en los enfermos ancianos puede complicarse con una
enfermedad tubular aguda.
La fiebre aparece en brotes aislados, precedidos por escalofríos;
durante varios meses, estos episodios puede constituir la única
manifestación de la enfermedad.
En los pacientes seniles, la coledocolitiasis suele ser causa de
anorexia y de pérdida de peso, simulando una enfermedad neoplásica.
Conviene insistir en que muchos enfermos con cálculos en
el colédoco no tienen ningún síntoma que revele
su presencia. Por ello es tan importante, durante la colecistectomía
electiva o de urgencia, la cuidadosa exploración radiológica
de la vía biliar. La incorporación rutinaria de este
procedimiento reduce la incidencia de coledocolitiasis residual a
un 1 por 100 o menos. Si durante una laparotomía se detecta
la coledocolitiasis, se procede a la coledocostomía y limpieza
del conducto, y se deja una sonda T de calibre adecuado para el drenaje
postoperatorio. Cabe señalar que la coledocostomía aumenta
significativamente la morbilidad y la mortalidad de la cirugía
biliar.
Si el paciente esta siendo operado por vía laparoscópica,
también se puede hacer la colangiografía transcística.
Si se demuestra una coledocolitiasis, la solución puede ser
postergada al post-operatorio, realizando una colangiografía
endoscópica retrograda, esfinterotomía y extracción
de los cálculos. El uso rutinario de este procedimiento en
muchos hospitales del país nos ha permitido acumular una vasta
experiencia. Los cálculos son removidos éxitosamente
en el 85-95% de los casos, con una morbilidad de 7-10% y una mortalidad
menor al 2%.
Las más importantes complicaciones del procedimiento son el
sangrado de la papila, la colangitis, la pancreatitis y el impacto
de un cálculo en el extremo distal del colédoco, que
puede obligar a una laparotomía de urgencia. La frecuencia
de estos accidentes ha disminuído a medida que se acumula experiencia
y se diseñan instrumentos cada vez más apropiados.
La esfinterotomía transendoscópica ha reducido las
molestias de los enfermos, la duración y costo de la hospitalización
y, además, ha permitido solucionar muchos casos de obstrucción
biliar que, por la gravedad de su patología asociada, tienen
contraindicación quirúrgica absoluta.
El seguimiento de los enfermos sometidos a esfinterostomía
ha mostrado que su evolución es habitualmente buena. Solo un
7,5 por 100 de ellos presentan complicaciones de origen biliar o pancreático,
y estos accidentes aparecen con mucha mayor frecuencia en los pacientes
cuya vesícula biliar no ha sido operada por alguna contraindicación
(colangitis aguda asociada a migración de cálculos).
A pesar que la esfinterotomía establece una amplia comunicación
del colédoco con el lumen del duodeno, la colangitis aguda
es excepcional en los enfermos previamente colecistectomizados.
5.- Colangitis supurada
Constituye una complicación muy grave de la litiasis biliar.
Estudios bacteriológicos han demostrado que la coledocolitiasis
se asocia, en un 75 por 100 de los casos, a contaminación bacteriana
de la vía biliar. Habitualmente se trata de flora mixta, de
origen entérico, en la que predominan los gérmenes aerobios
(E. coli, Klebsiella, Proteus),aunque también
pueden existir anaerobios (B. fragilis, C. perfringens). Mientras
que no haya obstrucción, la presencia de estas bacterias no
tiene consecuencias mayores; al sobrevenir el enclavamiento de un
cálculo en la ampolla, suele desencadenarse una supuración
coledociana aguda, que asciende por la vía biliar y se acompaña
de una septicemia.
Los síntomas más frecuentes de la colangitis supurada
son el dolor en el hipocondrio derecho, la ictericia y la fiebre acompañada
por escalofríos. A las pocas horas de evolución aparece
un compromiso hemodinámico que evoluciona hacia el shock
séptico, y alteraciones de conciencia que pueden llevar al
coma. Si no se procede con urgencia a descomprimir la vía
biliar esta complicación es rápidamente fatal. Ello
se realiza colocando un catéter nasobiliar mediante una colangiografía
endoscópica, la que puede permitir simultáneamente la
extracción de los cálculos.
|