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Definiciones y Epidemiología |
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Se estima que entre el 10% y el 18%
de los niños en edad escolar presentan el síndrome
conocido como Dolor abdominal recurrente (DAR). Éste se define
como la presencia de tres o más episodios de dolor abdominal,
lo suficientemente importantes como para limitar las actividades
y funciones del niño durante, al menos, un período
de tres meses previamente a la consulta. La incidencia es mayor
en niñas que en niños, particularmente durante la
adolescencia; antes de esta edad las diferencias no son tan marcadas.
Estas cifras hacen del DAR una causa muy frecuente de consulta a
pediatras y gastroeterólogos infantiles. La adolescente,
entre los 11 y los 15 años es, típicamente, el sujeto
más afectado por el problema, haciendo de esta queja el principal
motivo de consulta de niñas escolares y adolescentes a gastroenterólogos
infantiles. |
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Fisiopatología |
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Tradicionalmente se ha tendido a separar - de manera excluyente
- las causas del DAR entre orgánicas y funcionales. En verdad,
una gran mayoría de los niños afectados por DAR, (85
a 95%), no presenta evidencia de transtorno orgánico y, en
muchos, sus episodios de dolor están claramente relacionados
con el "stress", tanto escolar como familiar. Sin embargo, el hacer
esta distinción tan tajante puede ser una sobresimplificación
del problema. Algunos autores han propuesto una clasificación
diferente (Tabla) basándose en el hecho de que el término
"funcional" no significa necesariamente "psicogénico" y han
acuñado el término "disfuncional" para referirse a
determinadas entidades que, sin involucrar un daño orgánico,
representan una alteración de la función normal de
ciertos órganos (constipación, dismenorrea, etc).
Es probable que el DAR provenga de una alteración de la motilidad
intestinal, secundaria a hiperactividad del sistema nervioso autónomo.
Es posible que algunos niños sean exageradamente sensibles
a señales corporales dolorosas; otros transmitirán
en forma excesiva su percepción de sensaciones consideradas
como normales por la mayoría. Tales características
de los pacientes pueden ser adquiridas genéticamente o ser
aprendidas de modelos familiares. Los síntomas pueden perpetuarse
a causa de ganancias secundarias o por la excesiva ansiedad manifestada
por los padres.
Tabla 4.1
Clasificación del Dolor Abdominal Recurrente
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Categoría
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Ejemplos
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| Psicogénico |
Fobia Escolar
Reacción de Adaptación
Depresión |
| Disfuncional |
Intolerancia a Lactosa
Constipación
Dismenorrea |
| Orgánico |
Esofagitis
Ulcera Péptica
Infección Urinaria
Litiasis Biliar
Enfermedad Inflamatoria Intestinal
Enteroparasitosis (Ascaridiasis, Giardiasis...)
Porfiria
Malrotación Intestinal
Obstrucción Intestinal Recurrente
Pancreatitis
Litiasis del Arbol Urinario
Dolor Músculo-esquelético referido |
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Diagnóstico |
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La estrategia diagnóstica debe ser cuidadosamente organizada
desde el comienzo. Un enfrentamiento improvisado o de poca empatía
con el paciente y su familia, puede comprometer seriamente las perspectivas
de éxito terapéutico, así como la confianza de
la familia para aceptar las opiniones y recomendaciones del médico.
El médico tratante se ve enfrentado a balancear el temor de
pasar por alto un diagnóstico de enfermedad orgánica
o una causa tratable versus su impresión clínica, que
sugiere fuertemente una causa psicogénica. |
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Historia Clínica y Exámen Físico:
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El pilar fundamental en el diagnóstico del DAR lo constituye
la historia clínica, que debe ser tomada en forma exhaustiva,
y con objetivos bien definidos. Los datos obtenidos deben ser lo
suficientemente detallados como para confirmar o descartar una enfermedad
orgánica subyacente y poder reunir evidencia sobre estrés
emocional y problemas conductuales en el niño y su familia.
El síntoma dolor debe ser agotado en sus características
semiológicas: estacionalidad, frecuencia, horario, ubicación,
irradiación, tipo, intensidad, duración, factores
que lo desencadenan y que lo alivian, relación con los alimentos,
etc. Igualmente, se debe investigar la presencia de otros síntomas
tales como: dolor en otros sitios (en especial cefalea y dolor en
las extremidades inferiores), palpitaciones, constipación,
náuseas, anorexia, meteorismo, palidez, etc.
En el DAR de causa psicogénica, la ubicación del
dolor es vaga - por lo general periumbilical - la duración
es breve, la intensidad moderada o leve, y el dolor suele aliviarse
espontáneamente, con el reposo, o a veces con antiespasmódicos
(esto último sugiere un efecto placebo ). No es raro que
el paciente tenga algún grado de constipación, especialmente
si es mujer, pero no debe concluírse que este último
transtorno sea la causa primordial del dolor, aunque puede cooperar
a exacerbarlo en algunas ocasiones.
El dolor tiende a desaparecer o a espaciarse durante las vacaciones
y a reaparecer en el período escolar, alcanzando su máxima
intensidad y frecuencia en los períodos de mayor apremio
escolar o en situaciones de conflicto familiar (riñas entre
los padres, alcoholismo en la familia, etc.) Con frecuencia el dolor
se manifiesta tan pronto el niño despierta y se va repitiendo
a lo largo del día por períodos breves y erráticos,
cediendo espontáneamente. En general no está relacionado
con los alimentos aunque en nuestro medio, por razones culturales,
la gran mayoría de los pacientes tienden a culpar a las comidas
grasas de sus problemas, aún cuando objetivamente no exista
tal relación de causalidad.
Es fundamental inquirir, asimismo, sobre los rasgos de personalidad
del niño, rendimiento escolar, actividades, características
del grupo familiar, presencia de conflictos familiares, etc. Típicamente,
el niño con DAR de tipo psicogénico es descrito como:
introvertido, autoexigente, responsable en el colegio y en el hogar,
meticuloso, con rasgos obsesivos, hipersensible, poco tolerante
a las frustraciones y a la crítica, y vulnerable. Habitualmente
exhibe comportamientos de internalización caracterizados
por ansiedad, depresión moderada y baja autoestima. Estas
características se ven reforzadas por una estructura familiar
en que predominan la depresión materna, la sobreprotección,
rigidez y falta de resolución de conflictos. Muy frecuentemente
los padres también presentan dolor abdominal (colon irritable),
cefalea y otros conflictos psicosomáticos.
El médico debe estar, por lo tanto advertido de ciertas
peculiaridades de la historia clínica del DAR e inquirir,
en forma dirigida y sagaz, respecto a todas las características
que lo ayudarán a perfeccionar su diagnóstico.
El examen físico debe ser también completo y no limitarse
sólo a la exploración del abdomen. El paciente con
DAR de origen no orgánico luce saludable y activo; no hay
nada en su aspecto que sugiera que padece de un transtorno crónico.
En contraste, pacientes con enfermedades inflamatorias intestinales,
como colitis ulcerosa o enfermedad de Crohn, con úlcera péptica,
malformaciones o infecciones del tracto urinario, y otras afecciones
orgánicas se ven con aspecto de enfermos y muchas veces enflaquecidos;
además se encontrará en ellos una variedad de hallazgos
corespondientes a su enfermedad de base.
Los siguientes elementos de la historia y del examen físico
orientan más a un DAR de causa orgánica que psicogénica:
dolor intenso, de ubicación definida, generalmente lejos
del ombligo, presentación nocturna que despierta al paciente;
presencia de manifestaciones asociadas tales como diarrea crónica,
hemorragias, pérdida de peso, fatigabilidad crónica
y paciente con "aspecto de enfermo". |
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Exámenes de laboratorio: |
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Por lo general, una vez completada la historia clínica
y el examen físico, el médico tendrá una hipótesis
diagnóstica bastante precisa, lo que le permitirá
individualizar la toma de decisiones, evitando tener que que someter
al paciente a una serie indiscriminada de exámenes diagnósticos,
algunos de los cuales son traumáticos, invasores y caros.
Si la impresión diagnóstica apunta fuertemente hacia
una causa psicogénica, bastará con hacer unos pocos
exámenes generales: hemograma, velocidad de sedimentacion,
sedimento urinario, y examen coproparasitológico. Éstos
servirán para reforzar la impresión clínica,
para descartar algunos problemas comunes en la población
infantil y, sobre todo, para contribuír a tranquilizar al
paciente y su familia. El hallazgo de ciertos parásitos puede
o no señalar un factor causal. Por ejemplo, la presencia
de giardiasis no significa necesariamente que este protozoo provoque
el DAR, ya que su prevalencia en la población infantil es
alta.
La realización de otras pruebas diagnósticas dependerá
de los hallazgos clínicos. Se aconseja someter a endoscopía
gastroduodenal a aquellos niños con antecedentes de hemorragia
digestiva alta o con una historia clínica muy sugerente de
úlcera péptica (dolor nocturno, epigastralgia habitual
con pirosis, vómitos recurrentes, úlcera péptica
en los padres o hermanos). La esofagitis péptica comparte
también algunas de las manifestaciones mencionadas. Los estudios
radiológicos baritados de esófago, estómago
y duodeno - de los cuales se suele abusar en la práctica
clínica - son de mucho menos exactitud diagnóstica
en las condiciones recién señaladas. Están
más indicados si hay fundada sospecha de algún tipo
de alteración anatómica del tracto digestivo, como
malformaciones: duplicaciones intestinales, diafragmas, malrotación,
etc. En otras situaciones, como cuando se sospecha un quiste del
colédoco, una hidronefrosis o cálculos vesiculares,
será la ultrasonografía la que prestará una
gran ayuda. Este examen, aplicado en forma no selectiva a pacientes
con DAR, es de bajo valor diagnóstico y puede agregar problemas
nuevos, al mostrar ocasionalmente hallazgos incidentales (ej.: angiomas
hepáticos, calcificaciones, ciertas variantes anatómicas,
etc.) que no tienen significado patológico, pero que contribuyen
a acrecentar considerablemente la ansiedad familiar.
Otras pruebas de laboratorio serán igualmente realizadas
de acuerdo a consideraciones individuales. Si los episodios de DAR
se asocian aparentemente a ingestión de productos lácteos,
una prueba de hidrógeno espirado permitirá descartar
la intolerancia a lactosa (de tipo adulto). También podrá
servir la exclusión total de productos lácteos durante
un período de dos a tres semanas. |
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Tratamiento |
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Un hecho no siempre percibido por quienes tratan al niño
con DAR, es que la mayor parte de las consultas por DAR se originan
no tanto de la necesidad de pedir ayuda para combatir el dolor,
sino que de la ansiedad de los padres respecto a que el dolor encubra
una enfermedad orgánica abdominal. En un número sorprendentemente
frecuente de casos, la madre tiene el temor - no explicitado - a
que el niño sufra de un cáncer digestivo y eso la
ha impulsado a consultar. Por esta razón, la terapia debe
estar enfocada básicamente a despejar las ansiedades del
grupo familiar, con lo que se tendrá recorrida una parte
importante del camino hacia las metas terapéuticas.
Si la sospecha diagnóstica está fundadamente apuntando
a una causa psicogénica como etiología, el médico
debe explicar sencilla, pero clara y razonadamente al paciente y
a sus padres que el origen del dolor no está en alguna "enfermedad"
del abdomen ni de otro sitio, pero que el dolor es real (para evitar
que sea malinterpretado como una simulación). Se les debe
explicar que, tal como a algún adulto de la familia le sobreviene
jaqueca, tensión muscular u otros síntomas ante situaciones
de ansiedad o conflicto, también hay ciertos sitios vulnerables
en el cuerpo del niño que responden con dolor frente a estímulos
similares. Debe estimularse la normalización de las actividades
del paciente y el que los padres bajen el perfil al dolor del niño.
El regreso inmediato del niño al colegio es otro imperativo
del manejo ambiental de gran importancia para contribuír
a normalizar el estilo de vida del paciente. Con este enfoque, hecho
en forma empática y convincente, el resto del manejo debiera
ser sólo cuestión de tiempo y de seguimiento periódico,
con refuerzo del médico frente a situaciones desencadenentes
específicas. |
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