Desarrollo Embrionario
(Fig. 6-1, 6-2)
La gónada se desarrolla de la cresta genital y de las células
germinales primitivas. La gónada se reconoce en la segunda semana
del desarrollo como un engrosamiento del epitelio celómico y mesénquima
subyacente, en la cara interna del mesonefros, entre éste, lateralmente,
y el mesenterio dorsal, medialmente. El epitelio celómico reviste
las cavidades torácica y abdominal.
Al final de la tercera semana aparecen en el saco vitelino las células
germinales, que migran por el mesenterio del intestino posterior, en la
5a semana comienzan a llegar a la cresta genital, en la que ejercen una
acción inductora.
Del epitelio celómico nacen brotes celulares que penetran en la
cresta genital y forman los cordones sexuales primitivos. Estos corresponden
en el ovario a las células del folículo, que rodean el óvulo
(célula germinal).
Hay dos conductos genitales en el hombre y la mujer: el paramesonéfrico
o conducto de Müller y el mesonéfrico o conducto de Wolff.
Este último es el conducto colector del mesonefros y se extiende
hasta el seno urogenital; involuciona en la mujer, en la que el conducto
paramesonéfrico, lateral al mesonéfrico, es el conducto
genital principal. Este se origina de una invaginación longitudinal
del epitelio celómico, ubicada ántero-lateralmente a la
cresta urogenital, al final de la 5a semana del desarrollo. Está
formado por el epitelio invaginado y el mesénquima adyacente que
lo rodea. Tiene tres partes: una superior, vertical, lateral al conducto
mesonéfrico y que comunica libremente con la cavidad celómica
en el extremo cranial; una segunda porción, media y horizontal,
que cruza el conducto mesonéfrico por delante, hacia la línea
media, y una tercera porción, inferior y vertical, que se fusiona
en la línea media con la homóloga contralateral. De las
primeras dos se originan las trompas uterinas; de la inferior, el canal
uterino, del que se desarrollan: el cuerpo uterino, cuello uterino y tercio
superior de la vagina. Del conducto de Müller se forman la mucosa
y pared muscular de estos órganos. El resto de la vagina se desarrolla
de la placa vaginal, que nace de los bulbos seno-vaginales. Estos son
dos evaginaciones sólidas de la porción pélvica del
seno urogenital.
En la tercera semana del desarrollo, a cada lado de la membrana cloacal,
se forman dos elevaciones, los pliegues cloacales. En su porción
alta se unen entre sí en la línea media y así forman
el tubérculo genital, que dará origen al clítoris.
Los pliegues cloacales forman en su porción anterior los pliegues
uretrales, correspondientes después a los labios menores y, en
su porción posterior, los pliegues anales. En el lado externo de
los pliegues uretrales se originan dos solevantamientos genitales, de
los que se desarrollan los labios mayores.
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Figura 6.1
Trayecto de las células germinales por el intestino posterior
y mesenterio dorsal a la cresta genital (según Sadler TW (1990)
Langman's Medical Embriology, 6th Ed. Williams & Wilkins, Baltimore;
modificado) |
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Figura 6.2
A: conductos genitales femeninos al final del 2º mes de vida
intrauterina y B: después de la involución del
conducto mesonéfrico y del mayor desarrollo del conducto paramesonéfrico
(según Sadler TW (1990) Langman's Medical Embriology, 6th Ed.
Williams & Wilkins, Baltimore; modificado) |
Aspectos Embriológicos de importancia en patología
Organos vestigiales
(Fig. 6-3)
La involución del conducto mesonéfrico en la mujer da
origen a los siguientes órganos vestigiales:
Epoóforo (órgano de Rosenmüller). Conjunto
de túbulos paralelos que desembocan en un tubo común,
paralelo a la trompa. Se encuentra en el mesoovario, entre la trompa
y el hilio ovárico.
Paraóforo. Pequeños tubos ciegos situados en el
ligamento ancho, cercanos al epoóforo.
Conducto de Gärtner. Continuación del conducto común
del epoóforo, discontinuo, ubicado en la cara lateral del útero
y de la vagina.
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Figura 6.3
Restos embrionarios paraováricos (según Gompel C,
Silverberg SG (1994) Pathology in Gynecology and Obstetrics, 4th
Ed., Lippincott, Philadelphia; modificado) |
De origen mülleriano es la hidátide de Morgagni: pequeña
formación quística, traslúcida, vecina a la fimbria,
frecuentemente pediculada. Algunos la consideran una forma de duplicación
del orificio tubario.
Estos órganos vestigiales tienen importancia en patología
en cuanto a que: 1º) pueden desarrollarse quistes a partir de ellos:
paraováricos o paratubarios, del ligamento ancho o paravaginales
(quistes del conducto de Gärtner). Son frecuentes y pueden complicarse
al aumentar de tamaño con torsión o ruptura; 2º)
pueden dar origen a neoplasias primarias mesonéfricas. Son muy
raras.
Origen de los epitelios
Tienen un origen común los epitelios de la mucosa cervical uterina,
del endometrio, de la mucosa tubaria , el epitelio superficial del ovario
(mal llamado epitelio germinal del ovario) y el epitelio peritoneal:
todos se originan del epitelio celómico.
En los epitelios de revestimiento interno del cuello uterino, cavidad
endometrial y trompa uterina son frecuentes las metaplasias. Así
como hay tipos histológicos de carcinomas característicos
del cuello, endometrio y trompa, así también cada epitelio
puede dar origen a cualquier tipo histológico de carcinoma.
El peritoneo pelviano se ha considerado como un sistema mülleriano
secundario. Es frecuente que en él se desarrollen lesiones de
carácter metaplástico (endometriosis) o neoplástico,
similares a las que se encuentran en el útero, trompa y ovario.
Malformaciones
Son poco frecuentes. Sin embargo, si se incluyen las anomalías
menores, como duplicación del ostium tubario, pueden encontrarse
desde 1 en 500 a 1 en 2000 mujeres. Su importancia es doble: por una
parte, frecuente asociación con malformaciones urológicas
y, por otra, pueden ser causa de dolores crónicos e infertilidad
por obstrucciones (el aparato genital es un sistema tubular).
Disrrafias (fig. 6-4)
Corresponden a los diferentes grados de falta de fusión de
los conductos paramesonéfricos. La nomenclatura es la siguiente:
1. Utero didelfo (útero doble): es bicorne (dos cuerpos),
bicollis (dos cuellos) y dicolpos (dos vaginas). Representa el grado
mayor de disrrafia. Es excepcional con doble vulva.
2. Utero bicorne, bicollis, pero con una vagina.
Las duplicaciones del cuerpo y cuello se dan en 1: 10000 mujeres.
3. Utero bicorne, unicollis, monocolpos. Puede
tener un cuerno secuestrado, sin comunicación con el resto
del sistema, por atresia de ese cuerno.
4. Utero arciforme. Con leve depresión en el fondo.
Puede haber tabiques, a veces incompletos, en la cavidad endometrial.
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Figura 6.4
Anomalías congénitas más frecuentes del
útero y de la vagina (según Sadler TW (1990) Langman's
Medical Embriology, 6th Ed. Williams & Wilkins, Baltimore;
modificado) |
Otras malformaciones son duplicaciones tubaria o vaginal (de la placa
vaginal) y atresias (vaginal, cervical, tubaria, de un cuerno secuestrado).
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