RESEÑAS DE LIBROS

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Richard Selzer
 
Lecciones mortales
Notas sobre el arte de la cirugía
 

Santiago, Editorial Andrés Bello, 2000



Si usted busca a Richard Selzer en internet, ocho de diez veces le dirá que se trata de un cáustico crítico de modas, que entre otras cosas se encarga de las listas anuales de las celebridades peor vestidas, o de criticar el look de Britney Spears, Paris Hilton y otros detritus de la farándula internacional. Bueno, éste es otro Richard Selzer, evidentemente.

El que nos interesa es un octogenario médico cirujano de Yale, con una decena de libros a su haber después de cambiar el escalpelo por la pluma en 1985. Pero, tal como en el caso del cirujano Atul Gawande, también reseñado en esta sección, su escritura se extiende a ámbitos mucho más vastos que lo que sugiere el subtítulo del libro, «Notas sobre el arte de la cirugía», aunque siempre está referida a la experiencia médica.

Dice el propio Selzer en una entrevista que uno de sus mayores orgullos es que ciertos capítulos de Lecciones mortales sean bibliografía obligatoria en todas las escuelas de medicina de Estados Unidos. Posiblemente sea por sus descripciones, densas, precisas, muy detalladas, muy literarias, se diría: por la variedad de sus metáforas y la espesura del lenguaje, pero también porque tiene humor y porque es capaz de ver belleza donde otros no ven sino podredumbre, vísceras, ese inconfundible olor a hospital. Leyendo a Selzer se siente su empatía con el cuerpo herido, enfermo, el que llega a ver como un repositorio sagrado, hermoso hasta en las últimas instancias de su lucha contra la descomposición y la muerte.

Selzer escribe con una prosa espesa, poética, difícil por momentos (pero es un dificultad soberbia), de asuntos como la amputación de un pie diabético, el hígado, la piel y otros órganos; o de sus recuerdos como médico en la guerra de Corea, donde se operaba sin anestesia a los soldados heridos. También hay capítulos más livianos, cómicos, como uno sobre la calvicie u otros en que evoca su niñez en la pequeña ciudad de Troy, Ohio.

Sobre la piel, escribe: «En ella todo hombre es embolsado y liado con perfecta afabilidad. Observa cómo reviste huesos y músculos subyacentes, acentúa la punta de un codo, avanza por pectorales y y ahueca grutas axilares, areolada y umbilicada, hendida por aberturas diversas y maravillosas, cada una con su borde y cortina peculiar. (…) ¿Qué es este manto inconsútil de casi dos metros cuadrados, éste nuestro estuche, éste nuestro frontispicio que enrojece, transpira, palidece, brilla, resplandece, arruga, hormiguea, repta, aguijonea, alegra y duele nuestros días, a un tiempo guardián de órganos internos y antena sensible, explorador del mundo foráneo? Ven, observemos: allí se oculta la costa rosada, los estuarios perlados».

Dice a propósito de este apartado el traductor de Lecciones mortales: «… le mostré el capítulo sobre la piel a un dermatólogo y lo juzgó obra de arte y clase magistral. Sin duda estamos ante un gran escritor». El traductor es Pierre Jacomet, por cierto, un chileno políglota que acaba de presentar el primer tomo de su traducción de los ensayos de Montaigne. Jacomet es también activo miembro de la Alianza Familiar VHL, dedicada a informar y apoyar a las personas que padecen la enfermedad de von Hippel-Lindau. Existe otro libro de Selzer traducido al castellano en Chile, esta vez por el novelista Jaime Collyer. Se trata de Confesiones de un cuchillo, también publicado por Andrés Bello en una colección hoy desgraciadamente descontinuada.


Andrea Palet

Oficina Editorial
Escuela de Medicina