RESEÑAS DE LIBROS

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What the corpse revealed

Murder and the science of forensic detection

Hugh Miller, NY, St. Martin’s Press, 1999

 


“Mi trabajo es hacer hablar a los muertos”.
Luis Ciocca, médico legista

 

Entre los escritores de novelas de género, posiblemente los que menos trabajo tengan a la hora de inventar tramas atrayentes y detalles escalofriantes sean los que se dedican al género negro o policial.

La lectura de What the corpse revealed nos vuelve a recordar, por si hacía falta, que con la vida real basta y sobra. Quizás por eso el true crime, el equivalente a las novelas de detectives en la literatura de no ficción (aquella basada en hechos reales), tiene un público tan fiel como variopinto.

En Chile todavía hay gente que recuerda el “crimen de la Legación Alemana” (1909), resuelto por el doctor Germán Valenzuela Basterrica tras unas pericias dentales muy novedosas para la época. Y el policía y fundador de la Brigada de Homicidios René Vergara se hizo famoso en los años sesenta con sus narraciones de crímenes célebres, varios de ellos resueltos por él mismo. Las publicó en siete u ocho títulos, desde La bailarina de los pies desnudos (1950) hasta Más allá del crimen (1978), y en sus columnas en La Tercera. Dicen que fue el doctor Luis Sandoval Smart quien inició a Vergara en los métodos de la investigación científica que hoy son rutinarios en el esclarecimiento de un crimen.

Tan rutinarios como las series de televisión tipo CSI, donde científicos forenses con mucha onda resuelven los casos más abstrusos a punta de intuición y sofisticadas pruebas de laboratorio, mientras las agentes femeninas corren con taco alto y allanan casas a oscuras empuñando sus linternas, en vez de empezar probando si funciona el interruptor de la luz.

En What the corpse revealed, en cambio, no se admira al criminal chic ni se detallan los hobbies de nadie, lo que no impide que la narración parezca de película. Supongo que un médico forense diría algo como “Mmm, no está mal. Los informes anatomo-patológicos, muy correctos. Las pruebas bioquímicas, muy perspicaces. Pero, claro, no es lo que me toca ver en la vida diaria”. Bien por nosotros, que nos ahorramos la parte narcoléptica del trabajo forense para concentrarnos en dieciséis casos criminales bien reales, en que los asesinos fueron descubiertos por el trabajo de un patólogo excepcional u otro especialista en identificar las huellas más ínfimas que los cuerpos siembran a su paso, sin que sus dueños se den cuenta.

Balas de carne de cerdo que se disuelven en el cuerpo de la víctima, tubitos con monóxido de carbono presurizado, manos cortadas y luego hervidas para que la piel se desprenda como un guante, son algunas de las formas que adopta la inmensa capacidad para hacer el mal de ciertos seres humanos. Este libro demuestra sin embargo, y para nuestro alivio, que el crimen perfecto ya no es lo que era.

Andrea Palet

Oficina Editorial
Escuela de Medicina